sábado, 21 de abril de 2007

el problema se disipa cada vez que estoy en éstas, reflexionando sobre la pobreza de mis expresiones. hoy intento que sea diferente, que no rehuyan los lenguajes intimistas, la privacidad de una mirada, que en un segundo ofrece el paradiso y al instante se convierte en polvo. nada extraño para una falta de costumbre, para una costumbre sobredimensionada en sus efectos, fundante de tradicionalismos, de radicales debilidades. estoy reflexionando como si el cerebro tomara un vaso de agua, tranquilamente después de un asesinato perpetrado a hurtadillas, traviesamente, salvajemente importante... mitad de la semana, inconclusa en sus inicios, despavorida, muy oferente, gratuitidad que imputa la estafa. el problema no se disipa y se disipa simultáneamente avieso. bueno diré cuál es el problema, algo maniáticamente hablado: el silencio de los pensamientos, el asalto inexorable y rotundo de su proveniencia, de su pecado de origen, de su evasiva recarga tributaria, de su descompromiso con el crecimiento, racial, subalterno de la pesadumbre y de la urdimbre emotiva, transferible nulidad por la mirada, por el hilo amargo de la mirada que origina e inventa todas las cosas, las sucedidas y por suceder, las olvidadas, fracasadas y las que vendrán a fortalecer la andanada de incertidumbre que duda a duda -estas reflexiones- permiten vislumbrar como un motivo suficiente para estar feliz

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