transposiciones
¿Cómo denominarlos?
Mejores personas. No. Con el término hay mucho de fraudulento
Mejores hombres y mujeres
en esta hora de almas
concentran su fe en los puños o
las manos distendidas
con sus dedos deslizándose precisos en su contacto
como creando arpegios inmortales, ciegos e inmortales
Esquivando el frío que emerge con la madrugada y que recuerda la dureza de las rocas,
la noche, el invierno, la vida
Retardan el sueño y el cansancio para el momento
que esperan pacientes unos brazos acogedores
y olvidan los alcances de sus esperanzas
y somatizan íntegramente y sin problemas
la acción pertinente a la situación:
Los argumentos son insubstanciales al trabajo
Su ejercicio enaltece
y es su ejercicio la renuncia de sí mismos
Exteriormente esas cosas degeneran en automatismos
Anomia de condenas. Afuera. El corazón
pide trabajo, disciplina es otra cosa.
Adentro amo convirtiendo mi entrega
a los míos -de hecho- en mística de trabajo
para beneficio de aquellos que extraen mi metalurgia
Mi alineación es mi don amoroso a los míos
a quienes termino por inadvertir plenamente
La ley dialéctica convierte mi amor en plusvalía
Renglón torcido de Dios. Punto y aparte y abismal
Adentro el metabolismo tiene su programación inalterable
cualquier provisión se torna innecesaria.
Sospecho que en todo esto también hay una inercia facilista, tradicional
El esfuerzo prescinde del mañana
es otra forma de salto al abismo
de ofrenda expiatoria, sublime, culpable, definitiva
Son días difíciles y grandes esperanzas
El esfuerzo es el nudo corredizo de la soga vital
El trabajo, la vida ab-negada, la nunca vivida
Un simple beso requiere férrea disciplina pero
una disciplina que no sea denigrante
Me han mandado esforzarme
y me he esforzado. Y si digo esfuerzo
es porque predomina la tendencia contraria
En este velar la madrugada no quiero que mis ondulaciones perturben
el sueño de quienes amo
Sin embargo, nadie me queda.
No puedo romper la circularidad de esta economía.
Mejores personas. No. Con el término hay mucho de fraudulento
Mejores hombres y mujeres
en esta hora de almas
concentran su fe en los puños o
las manos distendidas
con sus dedos deslizándose precisos en su contacto
como creando arpegios inmortales, ciegos e inmortales
Esquivando el frío que emerge con la madrugada y que recuerda la dureza de las rocas,
la noche, el invierno, la vida
Retardan el sueño y el cansancio para el momento
que esperan pacientes unos brazos acogedores
y olvidan los alcances de sus esperanzas
y somatizan íntegramente y sin problemas
la acción pertinente a la situación:
Los argumentos son insubstanciales al trabajo
Su ejercicio enaltece
y es su ejercicio la renuncia de sí mismos
Exteriormente esas cosas degeneran en automatismos
Anomia de condenas. Afuera. El corazón
pide trabajo, disciplina es otra cosa.
Adentro amo convirtiendo mi entrega
a los míos -de hecho- en mística de trabajo
para beneficio de aquellos que extraen mi metalurgia
Mi alineación es mi don amoroso a los míos
a quienes termino por inadvertir plenamente
La ley dialéctica convierte mi amor en plusvalía
Renglón torcido de Dios. Punto y aparte y abismal
Adentro el metabolismo tiene su programación inalterable
cualquier provisión se torna innecesaria.
Sospecho que en todo esto también hay una inercia facilista, tradicional
El esfuerzo prescinde del mañana
es otra forma de salto al abismo
de ofrenda expiatoria, sublime, culpable, definitiva
Son días difíciles y grandes esperanzas
El esfuerzo es el nudo corredizo de la soga vital
El trabajo, la vida ab-negada, la nunca vivida
Un simple beso requiere férrea disciplina pero
una disciplina que no sea denigrante
Me han mandado esforzarme
y me he esforzado. Y si digo esfuerzo
es porque predomina la tendencia contraria
En este velar la madrugada no quiero que mis ondulaciones perturben
el sueño de quienes amo
Sin embargo, nadie me queda.
No puedo romper la circularidad de esta economía.
Etiquetas: principio de imputabilidad



