miércoles, 12 de julio de 2006

obsesión minúscula




sin ser pedófilo adoro las rodillas de una niña que todos los días se sienta frente a mí, ella con el bon bón en la boca sin quererlo me seduce, sin saberlo deja huellas en mi vulnerable alma de carpintero. sé que yo también se la pongo muy difícil, el juego está muy bien equilibrado. para ser sincero yo dejaría lo poco que tengo por ella, todo por estar cerca de ella materialmente. pero mi sensualidad intelectual se regocija y complace con saberla dócil a mi mirada. dócil a mi deseo. cuando a veces, ella se acerca a mí porque yo me he acercado a medias antes, para escuchar lo menos interesante de mí, pero que me sirve para hacerme inolvidable, no sabría decir por qué el mundo sufre un colapso ante su virginal vientre. pura no sabría decir si es, es maliciosa y turbulenta. una sed inaplacable. un mundo tibio y trepidante, húmedo de delicias y de infiernos adictivos. pero al jugar junto con ella, pues ambos estamos en sintonía en cuanto los planteamientos, yo renuncio a mi calidad de bestia subordinada a mis impulsos, es mentalmente delicioso poseer su admiración que no su reverencia, poseer su posibilidad frágil e inaudita, exquisita a mi paladar, a mi sexo. toda mi piel y mi resistencia se descalabra. pero soy salvajemente sangre fría y disfruto del sexo complicado en minúsculos desmanes, soy cínico por antonomasia. y ello me hace contener todas mis fuerzas y concentrarme en la posibilidad de satisfacción que ella representará, mañana a mi juicio y sedimento: cuando ella me haya olvidado en los besos de otro. yo desde ahora me diluyo en mis derrames furtivos cuando la tengo tan cerca cuando sé que sin decírselo se deja besar partes profundas, y desnudar sólo ante mis ojos. ella sabe que la deseo y me desea igual. qué más puedo pedirle a la vida que mis imperecederos recuerdos libidia. ahh!!

Etiquetas: