martes, 20 de febrero de 2007

venas abiertas




he creado el lado fértil de las sombras
el alimento negro para cada mentira
un instante es suficiente para zanjar la cuestión
para perforar el tiempo
y caer fuera de su campo
con la ruinosa vaguedad del olvido
el lado sucio de la ciudad tiene hambre de festejos
las leyes inderogables
avivan las llamas del duelo en los toneles
término de ansias y avenidas
la promesa de las calles emana a cada esquina, a cada puerta
y las calles se enredan en los dedos de la huida y del engaño
propago sobre ellas mi nostalgia eyaculada
se enredan, me acogen enamoradas
me fascina su predisposición vacía y enfermiza
me sacian sedes biológicas
sedes que escupen mi significancia inhumana al pavimento
me canalizan violentas inclinaciones al fracaso
el lado húmedo y náufrago conspira
contra mi estancia disimulada en la muchedumbre de fantasmas
sin hacerme sentir el daño
pueden herirme sus sobresaltos
la suficiencia celosa de la vida ante la muerte
la mentirosa superioridad en el charco de saliva
la degradación por la supervivencia, el fin,
el jugo y la comida ligera del hospital somnoliento
las calles me devuelven la paciencia extinta
pero no desistiré de caer en su red cuando busque respuestas.

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domingo, 18 de febrero de 2007

sin consecuencia

Fumando encuclillado en este rincón del zaguán
bajo la obscenidad impúdica del universo
siento la fatiga de mi cuerpo y la fría intemperie
el reacomodo de mi intestino grueso
la aridez de unos planes frustrados y el reproche
de los míos -a pesar mío-
Cuando otros laten ebrios de efímero olvido
y somnolencia lujuriosa
cuando muchos son encarcelados y empapados
en suciedad de baño presidiario
mientras se agrava la presión circulatoria
por el filo de asalto y miedo
y muchos otros que al excitarse se nulifican
con la bocanada de piedra paralizante
decenas más son ejecutados sin mediar palabra
huérfanos en su regreso a casa
mientras cosas así suceden, nada me quita esta horrible
sensación de apaciguamiento mortal que provee
el humo terroso del cigarro que me fumo
esta aberrante certidumbre de estar despreocupado
una deliciosa indiferencia ante la mierda que ocasiono
que me forma, que me sostiene

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