asterión
dije que no retrocedería, hasta hoy lo cumplí soberanamente, confieso que detesto estar sobrio y enterrado, la muerte tiene cara de náusea, de pelos en las partes más bellas, deliciosamente ensangrentadas, pruebas y denuedos de la culpabilidad, de la extinta indolencia a las derrotas: sobreviene el despliegue de fuerzas
camino siempre pensando en que tengo alguna noble proveniencia, y como el poeta, yo también provengo de la cloaca adyacente al vértigo del concreto, subyazgo en el fondo suntuoso del asfalto y su larga posibilidad, y su maloliente promesa, mi tierna desazón es invicta en sus decepciones, nadie más grande a mi, en el peor de mis días, nadie más noble que yo pasado mañana, nadie retrae nauseabundamente en alas de nostalgia, furor e insolencia, la erosionada altivez de las renuncias. sólo por no saber decir las cosas con el nombre transfigurado en la conciencia, palidecido
veré si con mi pulso desarmo un edificio, o si al estornudar una gota de mi erección vuela a horcajadas las lúcidas esquinas de la urbe delirante, y todos vuelen hechos pedazos pensando en un orgasmo, a carcajadas y balazos, y ultrajes alienados olvidando lo guerrilla terrorista que cada quien podría ser si leyera desapasionadamente-pensando-en-el-otro los periódicos pseudoindependientes... dije, pues, que no retrocedería, pero fallé. la guerra la llevo en mi mochila de estudiante
fui inevitable hasta la coronilla
camino siempre pensando en que tengo alguna noble proveniencia, y como el poeta, yo también provengo de la cloaca adyacente al vértigo del concreto, subyazgo en el fondo suntuoso del asfalto y su larga posibilidad, y su maloliente promesa, mi tierna desazón es invicta en sus decepciones, nadie más grande a mi, en el peor de mis días, nadie más noble que yo pasado mañana, nadie retrae nauseabundamente en alas de nostalgia, furor e insolencia, la erosionada altivez de las renuncias. sólo por no saber decir las cosas con el nombre transfigurado en la conciencia, palidecido
veré si con mi pulso desarmo un edificio, o si al estornudar una gota de mi erección vuela a horcajadas las lúcidas esquinas de la urbe delirante, y todos vuelen hechos pedazos pensando en un orgasmo, a carcajadas y balazos, y ultrajes alienados olvidando lo guerrilla terrorista que cada quien podría ser si leyera desapasionadamente-pensando-en-el-otro los periódicos pseudoindependientes... dije, pues, que no retrocedería, pero fallé. la guerra la llevo en mi mochila de estudiante
fui inevitable hasta la coronilla
Etiquetas: principio de imputabilidad




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