martes, 21 de febrero de 2006

sábado

(Mc 2, 27)

hoy fue un día de descanso, un receso en el fastidio de la rutina. un descanso que no satisface mi potencia. mi espíritu clama por el fragor de los cuerpos, por el afán alienante del compromiso, por las desvencijadas ilusiones venidas a menos convertidas en conformismos inmediatos, en complacencias nimias.
me pregunto el por qué del descanso. siento mi día desperdiciado. tanta luz allá afuera, tanto asfalto libre, tan largas las distancias y los espacios tan amplios, tanto silencio de almas, tanto silencio como estruendo de maquinarias, tantas soledades buscándose entre sí, tantos sueños coagulados en el ánimo. después de hoy me siento más cansado, casi me duele la soledad. no fui hecho para descansar.
el descanso es antinatural, mientras yazgo postrado en mi colchón, me crece furtivamente el pelo, las uñas, late mi corazón ininterrumpidamente, mi metabolismo interno y hormonal mantiene su propio ritmo, su ritmo exacto. mis deseos se acrecientan segundo a segundo. la sabiduría de la creación me bendice como a todos y me siento desperdiciado. y siento que las flores se marchitan y los cantos de las aves languidecen lejos sin mi presencia. afuera todo es igual. es adentro de mí que no se expande el regocijo que inunda mi alrededor. no estoy pensando en un paisaje, es más bien lo accesible, lo rotundo del concreto, el concreto templado, urbano y citadino. el fragor vespertino, el entusiasmo matutino, las prolongaciones sinápticas de mi espíritu en el bullicio de la gente, de sus artificiosas presunciones, es en esas cosas en que pienso, a las que me refiero. no es por bello lo que siento, no hay nada bello en esto, sólo necesario, recíproco. dependo, pero también todo está sojuzgado a mi, todo se paraliza sin mi. no tiene remedio. en el descanso se lamenta no ser dativo, genitivo de vida, del impulso, del movimiento creativo, de los motivos satisfechos. se lamenta no responder (no ser responsable) a los reclamos de la furia, de la vida que nos demanda para realizarse.
pero esta idea: ¿motivos satisfechos? esta idea me retrae al principio: hoy fue un día de descanso. qué necesario para la humildad es reconocer el cansancio, el necesitar descanso. ¡qué nefasto sería estar totalmente satisfecho! también el trabajo puede significar anquilosamiento. cada vez mi entusiasmo por el cansancio me quita el sueño: así se sintetiza la solución de cualquier problemática al respecto. quizá por esto el día de descanso es por añadidura un don, un obsequio, que por no ser perentorio se manifiesta imprescindible.

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