martes, 27 de septiembre de 2005

resurrección

Me inyecta la aurora su poderío y
enardecida mi sangre se desborda
resplandeciendo bajo el hierático universo
que su pétrea frialdad resquebraja
para que nazca mi alma desde el pecho de los pájaros.

Cristalino y embrionario, retoño con rocío
o sudor de alegría sólo por el regocijo
de respirar intenso la luz diseminada.
Nada importa en este inicio y de aquí
la necesidad de este momento.

Latido perenne en la exhausta memoria del corazón,
rebeldía de fe -pongo la otra mejilla-
dispuesto a saciarme de los instantes efímeros
en que me siento -savia y fuerza- en el centro de los árboles.

Seguro y osado como certeza de fuego
milagro en mano empuñada. Visión roja
sabor a sangre, vínculo espiritual con la vida que despierta
-virginalmente- como se empeña, cada vez, mi alma y mi mirada

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