lunes, 22 de agosto de 2005

cielo negro

llega repentino como pantera negra huyendo hacia la hoguera de mi corazón. animal opresor presa de pérdidas y miedos, sobrecoge sacerdocios y gravedades, viejas enemistades. nostalgias se disparan en grandes cipresales estableciendo su aroma perenne y arquitecturas en el alma. su latido exhausto infunde egoístas complicidades que no lo son. todo ello es sobrehumano y efímero. jamás morirá, no tiene destino ni recuerdo. olvido que nunca fue. sólo reconozco su sombra, sus huellas en mi mente, los dolores que caen del alerce, la apertura del ser ante el nogal. acaricio furtivamente su delicada tersura mientras me observa y le temo. porque supo mucho de mí más que yo de sus motivos

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