mi presencia esconde la puñalada
cada vez que me acerco, pienso que será mi último intento, que está próxima mi muerte, que al fin en la caída se me destrozarán las rodillas. que ya no seré más la marioneta hosca, el espantapájaros de las dudas, en el huerto de las verdades, podridas por inauditas.
me acerco buscando con abrazo cansado si realmente creces cuando estoy caído. no ves que remedo la lucha de Jacob sin esperar que me bendigas. que aunque me desprecies seré patético como Satanás ofreciendo fortalezas a quien no las necesita. que no tengo que ofrecer más que mi nada inconstruible.
ignoras que he caído tan bajo porque cada vez que busco una respuesta descubro que mi pregunta está contaminada, que cada palabra emitida, decente y mesurada, conlleva una mentira. que al descubrir en mi racionalidad el artificio, descubro una cobardía hecha hipocresía y hecha credo. que a falta de herramientas y contubernios mis manos filosas se desangran buscando cuáles son mis verdaderas entrañas, rompiendo mi coraza.
no intento quitar la costra asfáltica, penetrante, que se incrusta a cada paso, en mis zapatos cuando digo que no soy bueno para quedarme varado. ignoras y compartiré, veneno, tu ignorancia, que he llegado cada vez que he querido y no he muerto, pero mi memoria se arrastra siguiendo el soplo fúnebre del oleaje del desierto, y su velo me recubre. ignoras que somos iguales, pero que la vida me ha cambiado tanto, que ya no sé diferenciar a un ángel de un demonio. que sus besos me queman igual, que para ambos soy indeseable, que cada quien tiene sus motivos para entregarme con su beso a una realidad sin evangelios, sin promesa, sin redención.
me acerco buscando con abrazo cansado si realmente creces cuando estoy caído. no ves que remedo la lucha de Jacob sin esperar que me bendigas. que aunque me desprecies seré patético como Satanás ofreciendo fortalezas a quien no las necesita. que no tengo que ofrecer más que mi nada inconstruible.
ignoras que he caído tan bajo porque cada vez que busco una respuesta descubro que mi pregunta está contaminada, que cada palabra emitida, decente y mesurada, conlleva una mentira. que al descubrir en mi racionalidad el artificio, descubro una cobardía hecha hipocresía y hecha credo. que a falta de herramientas y contubernios mis manos filosas se desangran buscando cuáles son mis verdaderas entrañas, rompiendo mi coraza.
no intento quitar la costra asfáltica, penetrante, que se incrusta a cada paso, en mis zapatos cuando digo que no soy bueno para quedarme varado. ignoras y compartiré, veneno, tu ignorancia, que he llegado cada vez que he querido y no he muerto, pero mi memoria se arrastra siguiendo el soplo fúnebre del oleaje del desierto, y su velo me recubre. ignoras que somos iguales, pero que la vida me ha cambiado tanto, que ya no sé diferenciar a un ángel de un demonio. que sus besos me queman igual, que para ambos soy indeseable, que cada quien tiene sus motivos para entregarme con su beso a una realidad sin evangelios, sin promesa, sin redención.
Etiquetas: principio de imputabilidad




0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio