martes, 1 de noviembre de 2005

intimidades


En mi barrio somos según la prensa –víctimas
de la violencia. La verdad, es tan familiar,
que la vemos con la indiferencia con que vemos a nuestros hijos
al regresar del trabajo
Todo es tan rutinario y soleado
son comunes las chamuscas y las goteras
la jauría de perros husmeando la podredumbre tercermundista
son comunes las molestaderas en cada esquina
los chavos silbando nalgas sexys, ricura de pechos:
El sentido de lo fácil
Son comunes los buses demenciales
las marcas territoriales que rifan los odios de los de acá arriba
con los de allá abajo y viceversa
También abundan las madrecitas sobreprotectoras
y las abuelas alcahuetas del desmadre, de las cervezas nocturnas con los cuates
y los gustos pútridos por el dominio y el territorio
Es común, en fin, los plomazos por el barranco y callejones,
la estridencia lasciva del perreo
el orgullo ridículo por el bienestar material familiar
y los aciertos microempresariales.

Sé que mis vecinos y yo bailamos sobre el fuego
que toda la jungla arde en cicatrices
Nos fajamos cuando se trata de no dar nuestro brazo a torcer
Cada quien es ejemplo a seguir de su propia moral puñetera
No toleramos: Exigimos
Nos caracteriza la reserva ética sobre el vecindario
La intención es la que cuenta
y esto es el paraíso de las intenciones
y es un paraíso que se vuelve infierno por momentos
porque el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones
y así del ahorro de agua caemos al dengue
de la disciplina al maltrato intrafamiliar
del trabajo de mecánica al deshuesadero
de la autogestión comunitaria al impuesto de guerra o de circulación
de la correccional al centro de operaciones y hasta de convenciones
de la catequesis a la transacción de las almas
de la falta de oportunidades al tatuaje del payaso llorando.

A cada cuadra suspiran las sombras y las hembras
la costumbre perdida de los rincones de amor
de los subrepticios amores de escuela
Sé que todos somos cómplices de algo
lo dicen los ojos hinchados y desvelados
que se han hecho de la vista gorda
somos cómplices porque hemos dejado que el cansancio
sea óxido y herrumbe
por no romper ni en la intimidad la conspiración del silencio
Somos culpables que las esperanzas vengan luego de los intentos fallidos
A mi me falta la habilidad de la paciencia
Dicen que somos unos desheredados
y yo digo que hemos heredado lo fundamental del sistema
y sabemos responder con el contra-elemento
Nadie más que nosotros somos coleccionistas del gadget
máximos exponentes de la vanguardia del kitsch
el germen astroso de la última moda
la pintoresca marginación, el mercado de pulgas
el caldo de cantina, los códigos tribales
la cocina derramada del sistema.

Mi barrio es una balsa enclenque y soez
pobre e insolente, el escombro flotante
en el océano económico internacional
Insisto en que somos el paraíso en el traspatio del infierno
La barriada conforma la flota obrera de la industria
el combustible del trust
el recurso humano, el cártel y la cartera de clientes.
Realmente con ver a nuestro comité de vecinos
tan inclinado al machete y su moral televisiva de reality show y prensa escrita
lo que menos somos es objeto de victimología
Es nuestra potencia cuántica
ser el peligro lingüístico de la democracia
El argumento contraproducente para una ética del discurso.
En este traspatio del infierno se cuecen las habas
se hace el block y el ladrillo, el almuerzo y la carpintería
y dentro de su dialéctica infernal-paradisíaca
se golpea la realidad con la subcultura guerrillera y consumista
la subcultura del graffiti burdo y terrorista
Aquí ves la sociedad en hilachas y microcosmos
No creo que exista el auto engaño. Apelo y asalto
a tu deseo de ser realista sin dejar de ser idealista.



Villalobos I, Octubre 2005

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