mis oscuros demonios me asaltan de repente…
La luz que te empuja no puede evitar la sensualidad tenebrosa que manifiestas cuando estoy intempestivamente observándote. Te expulsa hacia la ansiedad que encierran mis brazos y las horas esperando. En sigilo irrumpes polvo inclaudicable, lo sé, por tus leves resistencias, (por el juego en que consisten), por tus miradas furtivas, por tus descalzas penumbras. Cada partícula que envuelve la luz, en la oscuridad de tus intimidades anatómicas las materializo a golpes de mis sienes en sudores de instantes ebrios, en besos de pasión proscrita o en rocío de flores malnacidas en el latido del pantano, de la fría humedad de labios muertos. Anulas la promesa de eclipses programados. Intentas descomprometerte de la fugacidad desbordante de mis fantasías. Yo mientras te observo, suspiro anhelante, por la estrella desfalleciente que semejas ser caída entre mis brazos y me dispongo a desnudarte completamente con mis besos pluviales, con mi murmullo de ave agorera sobrevolando toda tu playa siniestra, desde tus pies hasta el abismo de tu cabellera. Embadurnar mi potencia infame en tu filo ingrávido, límite entre dos mundos que nunca me han entregado en su contundencia la crueldad de la agonía que tu imprecisión me ofrece en exceso.
Etiquetas: ajuste de cuentas




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