lunes, 9 de noviembre de 2009

el alma es el tiempo

Hoy mi hijo recorrió un antiguo
campo de batalla,
cabalgábamos juntos,
una tempestad eléctrica compulsiva y vaporosa
se instaló en el horizonte
de sus recuerdos
la luz del cielo era la nostalgia
y me la transfirió
no hubo rencor en la reacción de su mirada

pero yo me sentí tácitamente
urgido de una respuesta presente a un pasado definitivo,
quizá
no recordemos lo mismo de igual forma
quizá no sea lo mismo lo que recordemos
cada quien vivió una experiencia distinta
cada quien obtendría una sensación apartada, segmentada
-ajena entre sí- del otro: Padre e Hijo
desconocidos uno del otro
ignorantes de sí mismos por la experiencia propia del otro
,
inalcanzables uno para el otro en el
instante

del hecho que desgarraba nuestra alma.
Sin embargo, era el mismo escenario, la misma carencia,
los mismos fantasmas involucrados,
la tempestad real,
simbólica
o imaginaria y
una batalla que resurgía

ante nosotros y que no logró
empañar nuestro mirar...

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