domingo, 9 de agosto de 2009

underground

Una ráfaga sonora vibra en el ambiente
sirenas en el exterior dasgarran la parsimonia nocturna de las calles
su complicidad es una cobardía, su canto no tiene magnetismo.
Adentro es otra cosa:
un microcosmos abundante de excepciones a la regla
el espacio de una discoteca
luces hiriendo directo a tus ojos
el suelo temblando como una prolongación de nuestras fibras internas
las intermitencias en medio de la pista diluyéndonos en una masa de cuerpos deseantes fluctuando al unísono con la música,
la señal es un chasquido de dedos que nadie escucha,
el antro aporta el pleno goce de tus potencialidades,
éxtasis situacional, seguridad de parqueo,
en los baños algunos tratan de no extraviar la lucidez en el transcurso de una orinada y hacen el inventario de su día,
vapor, la euforia de un grito,
la excitación me subleva

entre los vahos luminiscentes
-virtuales auroras boreales en un recinto de 15m x 20m x 6m citadino-
creo ver acercarse hacia mí al mundo con porte de chica,
trae una copa en la mano
y sin necesidad de palabras ofrece amamantarme con sus grandes portentos
(a San Antonio eso le sucedió en el desierto del África)
en el estupor la tomo y manoseo ferozmente
hasta chuparme los dedos,
hasta que sacia mi sed:
porque yo llegué ahí teniendo sed de una mirada...
afuera talvez llueva,
mientras tanto,
los efectos techno estimulan
las fibras de mi corazón hasta lo profundo,
seudópodos de energía
socavaciones del miedo
el hastío se corporiza en ondas y decibelios
el sonido evoca viejos sinsabores
pero en el instante fortalece,
enturbia la mirada,
me dota de empuje y sensualidad,
¡oh la voluptuosidad! ¡extingue mis
iras! ¡extingue tus despechos!
contrapartida de rutinas laborales
tengo la sensación de estar destilando mi esencia en un orgasmo salvaje y sobreestimulado por la droga,
como el sudor cayendo de mi frente
a cada movimiento con el que domino un poco más el mundo,
risas,
llamaradas polícromas,
licor quemándome la garganta,
manos buscando a qué aferrarse,
sudor,
ropa mojada,
descuido de alguna caricia...
el universo se desata y se abandona a la corriente lujuriosa de la noche...
pareciera surgir de nuestro pecho
porque a veces lastima...
pero ahora no estoy en mis 5 sentidos...

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