miércoles, 28 de noviembre de 2007

el hastío de las horas

después del sueño el velo se descorre
aquel desgano asesino que en mi sangre oculta su semblante
degusta el triunfo que sobre mi ánimo ha conseguido.
siempre que retorno del reposo cada momento me incrusta una derrota

el hastío de las horas acumula los despojos
a que -dice- tiene derecho el hambre de mi nombre
sangre de la fealdad, divagar ensoberbecido por el lujo
con que la tardanza atavía su largueza

enfermo de mi ociosidad, la bajeza es el cielo que me cubre
alto hasta la media noche en sus goznes plenos
el cansancio humea descomprometido con sus logros al azar
abona buena parte de la negrura precedente a la aurora

que con autosuficiencia colonizadora designa mi desahucio
y no disculpa la permanencia con que la penetro
desnudo como una piedra, arrinconado de insultos,
con una idea fija punzante como un bisturí.

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