sábado, 29 de septiembre de 2007

también recordar es un contragolpe fingido para saldar cuentas en bancarrota, como para hacer creer que dominamos las reacciones estériles, vacías de manos. ensayar la indolencia es un crimen premeditado del que somos la parte activa. digo somos hablando con mis fantasmas. ensayar no deja de ser un anticipo, una predisposición del ánimo ante las eventualidades ingenuas. en la aridez es sintomático abjurar, es la salida más fácil que aporta un sustento de penumbra, la perseverancia inversa surgida del abismo, es inconveniente haber vivido tanto, es inconveniente no saber narrar ni contar con cantidades tangibles la transitoriedad de la experiencia. narrar y narrarlo bonito es la función imaginativa, bulbo sin hueso, fragancia matérica del objeto fortuito, de la huella espectral de los movimientos. tácita imprecisión, cueva de vanidades, de gritos exultantes, de banderas rotas escupidas contra el cielo que sustenta vigencias vulneradas, puños enfermos de impulsos exangües, la paciencia febril, las inertes pesadillas, que deshojan el signo del miedo que impone ansias de destierro y otra nomenclatura en que dignidad no posea el mismo nombre atropellado...

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