[¿a quién realmente?]
Ahora que tu presencia está por derrumbarse mi mirada no sabe expresar la incertidumbre que me sobrecoge, la impotencia que me tumba ante el misterio de lo perdido para siempre…
Verte a ti es interrogarse por lo que no se merece o por la forma en que la ilusión se distancia de los labios. Quise esmerarme en el intento de alcanzarte y sólo choqué contra mi imagen de miseria e impedimentos, quise expresar cosas hermosas y sólo descubrí que todas las palabras estaban hechas por convención y expertos simulacros suplentes del valor a los que recurre la carencia cuando se sabe invadida. La belleza eres tú inmersa en tu silencio, invicta en un instante y nada más, todo y todos somos sombras de lo inabarcable, necia manifestación de tentativas por lo perecedero…
En el vaivén de la demencia intentaré entre los siglos a destiempo dibujarme una pauta de sonrisa, con gesto torvo para contradecir mi intrascendencia, franca a pesar de los rechazos. Es que siempre intenté sanarme contra el fuego, infligirme descontento presumiendo la tragedia que me implora tu mirada….
Cuántas veces te sentí inmensa de lloviznas hacia el origen del mundo, toda hecha de quebrantos, vastedad bajo la que vine a despojar mi nombre de su hambre, mi balsa del escombro, cantando desde abajo del desastre. Cuántas veces te quise vulnerable a los dardos de mis ojos, enfermiza de candor y ardor bajo mi tacto. Deliré con mis brazos vencerte en clamores de locura y punto inmóvil en el desierto, serte necesario como el viento que renueva, seductor de tus repliegues, artífice de un mundo nuevo para un cuerpo claudicado por las pisadas de recuerdos venerables, besos contra ti, resuellos de mi desahogo, vibrando en mi alma como una cuerda violentada de lamentos
Verte a ti es interrogarse por lo que no se merece o por la forma en que la ilusión se distancia de los labios. Quise esmerarme en el intento de alcanzarte y sólo choqué contra mi imagen de miseria e impedimentos, quise expresar cosas hermosas y sólo descubrí que todas las palabras estaban hechas por convención y expertos simulacros suplentes del valor a los que recurre la carencia cuando se sabe invadida. La belleza eres tú inmersa en tu silencio, invicta en un instante y nada más, todo y todos somos sombras de lo inabarcable, necia manifestación de tentativas por lo perecedero…
En el vaivén de la demencia intentaré entre los siglos a destiempo dibujarme una pauta de sonrisa, con gesto torvo para contradecir mi intrascendencia, franca a pesar de los rechazos. Es que siempre intenté sanarme contra el fuego, infligirme descontento presumiendo la tragedia que me implora tu mirada….
Cuántas veces te sentí inmensa de lloviznas hacia el origen del mundo, toda hecha de quebrantos, vastedad bajo la que vine a despojar mi nombre de su hambre, mi balsa del escombro, cantando desde abajo del desastre. Cuántas veces te quise vulnerable a los dardos de mis ojos, enfermiza de candor y ardor bajo mi tacto. Deliré con mis brazos vencerte en clamores de locura y punto inmóvil en el desierto, serte necesario como el viento que renueva, seductor de tus repliegues, artífice de un mundo nuevo para un cuerpo claudicado por las pisadas de recuerdos venerables, besos contra ti, resuellos de mi desahogo, vibrando en mi alma como una cuerda violentada de lamentos
Etiquetas: nada de fortuito




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