¿quién es verdaderamente violento?
el mundo está en mí, y de vez en cuando ocurre una debacle, un cataclismo que me retrae a los demás, a concederles importancia. en mis cortas incursiones he llegado a entrever, a sospechar en mi sanguinaria furia, que mi húmeda inteligencia gota a gota mide los alcances de los movimientos de los ojos, de las manos y de los otros, que mi mohosa inteligencia es capaz de darme los dolores más ruines, los insultos más eficaces. mi poder siniestro muestra el concreto gris y duro de la eficacia. soy capaz de ganarle el duelo a plazos a las razones mediocres, al grito y a la vileza con el germen del resentimiento. he descubierto con pavor que hay grandeza en la maldad y que la mezquindad es fácil de ocultar en voz baja. la inteligencia ha sido mi demonio en el desierto, la perturbación de mi penitencia ¿y a dónde conducía mi penitencia? la inteligencia ha sido mi mala consejera en momentos de ocio y vacío, la guionista de mis inclinaciones histriónicas. ahora sé gracias a su bífida perfidia, a su discurso realmente involuntario, que en la inmediatez de los recursos está la trampa, en el placer su olvido de los motivos ocasionales en beneficio de los patrones aprendidos, y que, por el contrario, en la dilación está la amargura del perdón, pero también la exactitud quirúrgica del golpe, el simulacro de la fortuitidad. pareciera que a medida que avanza el tiempo en la tardanza que damos llegamos a ser más devenir, más instrumento del destino. acaecer fríamente y en silencio, así exige mi maldad cirujana. violenta es la urgencia para detener la efervescencia, violenta esa premeditación de intenciones abyectas. me sorprenden las dádivas de mi inteligencia, tan promisorias y maravillosas como mendicantes e insuficientes al mismo tiempo.
¿quién es verdaderamente violento y más? -yo, mientras no lo demuestre, mientras la tardanza no coincida con mis carencias, mientras no entre en los cálculos reduccionistas del enemigo, mientras no encuentre encaje mi credibilidad en su inercia mediocre, mientras mi premeditación no se decida terminar el teatro...
¿quién es verdaderamente violento y más? -yo, mientras no lo demuestre, mientras la tardanza no coincida con mis carencias, mientras no entre en los cálculos reduccionistas del enemigo, mientras no encuentre encaje mi credibilidad en su inercia mediocre, mientras mi premeditación no se decida terminar el teatro...
Etiquetas: principio de imputabilidad




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