lunes, 7 de diciembre de 2009

Reproche a lo absurdo

Quizás no me alcance el tiempo para renacer
o cuando lo haya hecho
tú ya estés envejecida en mis recuerdos.
Quizás lo quiera Dios así
-si decide tomar partido en esto-.
Para entonces seré yo quien más te haya amado.
De los dos tú has sido más fuerte,
la frustración y el brindis del lamento son míos.
A veces los destinos los deciden
pusilánimes caracteres.
¡Patético normalismo el del carácter!
¡Qué absurdo
que la vida se marchite irremediablemente
a partir de meticulosidades ridículas!
No debiste esperar a que todo fuera perfecto...

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