la tarde incendiaba miradas, plena en ilusiones recién descubiertas, en promesas cumplidas que en el regreso planease. intercambio de epístolas debajo de la mesa. entonces de tu mirada surgió el hechizo de mi fascinación por la distancia, por el juego del azar con el olvido.
la certeza sólo me funcionó mientras tanto, logrando tu cercanía fragmentar lo insostenible de mi credo, el disimulo fácil de tus ojos reactivó en mi desencanto la marca feroz de viejos impedimentos, con la concentrada diligencia de un coleccionista avaro, encargándose con fruición de la cadena de custodia de remanentes dispersos dentro del charco del crimen, recinto del que eres tú el rasgo, la sospecha de un abismo infundado, que sintetiza toda la muerte anunciada cada vez que me aproximé desfalleciente.
la certeza sólo me funcionó mientras tanto, logrando tu cercanía fragmentar lo insostenible de mi credo, el disimulo fácil de tus ojos reactivó en mi desencanto la marca feroz de viejos impedimentos, con la concentrada diligencia de un coleccionista avaro, encargándose con fruición de la cadena de custodia de remanentes dispersos dentro del charco del crimen, recinto del que eres tú el rasgo, la sospecha de un abismo infundado, que sintetiza toda la muerte anunciada cada vez que me aproximé desfalleciente.
Etiquetas: derivas




0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio