viernes, 11 de diciembre de 2009

SEMPER EADEM

Entonces se llamaba Isabel y era casi legendaria.
El viento la trajo en resonantes sonidos de órgano medieval y aire bizantino
(lugubre recuerdo)
solemnemente. Abismalmente desconocida.
Arcaica. Humedad de paredes de castillo.
Olor a musgo ancestral.

Su nombre casi legendario, medieval,
de mística experiencia,
con verdes de bosques encantados,
grises de castillos y espadas
y azules aplomados cual niebla
temprana que se cierne
sobre los escombros de campos de batalla,
humenates aún de ánimas guerreras.

Húmeda y arcana, ignota.
Envuelta majestuosamente en silencio templarios
de sabidurías mistéricas despiadadas.
Toda ella
clamor de celda martirizante,
grave letanía desde lo oscuro de los siglos.
Eco de monasterio íngrimo,
canto suplicante a la noche embrujada,
resquebramiento de la bóveda del olvido.
Resurgimiento perpetuo.
Dolor prometéico.

Entonces se llamaba Isabel
y era casi legendaria
envuelta en sonidos medievales
y humedad de paredes de castillo.
Transmigrante, siempre extraña y velada al amor,
está aquí ahora y seguirá estando ...
por los siglos de los siglos.

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